4. INTERLUDIO CULTURAL
En
la Diputación Provincial de Huesca (en adelante DPH), sección
de Cultura, departamento de Festivales (Pirineos Sur), fueron
realmente muy amables cuando, en abril de 2002, fui a ofrecerles mis
servicios como traductor e intérprete. Rosalía Bestué,
una técnico originaria de Sabiñánigo, me puso en
contacto con alguien de la Comarca de Monegros que debía de
haberle puesto al corriente de sus dificultades para hacer que los
conferenciantes franceses que colaboraban en Estepárea (un
encuentro sobre desarrollo rural que pasó de ser un foco de
reflexión a ser un polo lúdico y festivo) se hicieran
entender de su público. Ese mismo mes de abril ya acudí
a Sariñena, localidad donde se celebraba el encuentro, para
hacer de intérprete francés-español en la
conferencia dictada por un experto del país galo. La
experiencia se repitió al año siguiente, y siempre con
en un ambiente agradable y acogedor –por lo menos para mi persona.
Que
mi paso por Estepárea se hubiese saldado con una nota
satisfactoria, debió de decidir que ese mismo verano de 2002
acudiera como traductor e intérprete a las ruedas de prensa
del festival Pirineos Sur, que se celebraba en el Valle de Tena
organizado por la DPH. Recuerdo haber intervenido en el encuentro con
los medios de Alpha Blondy, de Ismaël Agana, de unos hindúes
apodados Maharajá Flamenca, y de los marroquíes Monsif
y Souad Massi. No estuvo mal del todo, principalmente porque mi
relación con el personal del festival se limitaba a Rosalía
y porque, tras la comparecencia ante los exiguos medios, yo me
marchaba al concierto escopeteado con una entrada de regalo.
En
2003, mi relación con la DPH cambió de cabo a rabo. En
abril, se convocó un concurso-oposición para cubrir dos
plazas para Pirineos Sur: una de responsable de comunicación y
relaciones públicas, otra de producción. Yo me presenté
a las dos, sacando en ambos casos la calificación más
alta de todos los candidatos gracias a mis conocimientos musicales y
al manejo fluido de inglés y francés. El examen
consistió, en su 1ª parte, en una traducción en
sentido doble de francés, inglés y español de
textos relacionados con la música y la cultura; en la 2ª
parte, el candidato debía hablar en francés e inglés
con los miembros del tribunal, especialmente con José Blon,
marido de Rosalía y, a la sazón, técnico de
cultura del Ayuntamiento de Huesca: un acto ridículo, pues sus
conocimientos lingüísticos eran bastante limitados en
ambas lenguas, dejándome extrañado de que una
institución pusiera en manos de un no profesional la
calificación en idiomas de un aspirante.
Renuncié
a la plaza de producción y me quedé con la de
comunicación y relaciones públicas, más acorde
con mis gustos y competencias, firmando un contrato de cinco meses de
duración durante ese año y, por su propia naturaleza,
prorrogable como mínimo otro perído equivalente al año
siguiente. Empecé a trabajar en el mes de mayo, instalándome
en una mesa al fondo de la zona abuhardillada de la última
planta de la enorme sede de la DPH.
Aprendí
mucho en Pirineos Sur, sobre todo en todo lo relacionado con el
mundillo de la cultura en una ciudad de provincias. El jefecillo de
todo aquello era un tal Jorge Pelos, licenciado en Historia, creo, e
hijo de un antiguo trabajador de la DPH: no sé qué
pábulo dar a las malas lenguas de dentro de la casa que
aseguraban que eso influyó definitivamente en su contratación
para ese trabajo; jamás le di más valor que al de una
simple habladuría. Este Jorge era un mozo canijo, de modales
barriobajeros y hablar tosco, siendo su expresión favorita
cuando alguien preguntaba por él en el teléfono algo
parecido a "dile que me la chupe": simplemente conmovedor.
El resto de su repertorio era una compendio de expresiones de cinismo
barato, aseveraciones de tres al cuarto que pretendían pasar
por verdades eternas sobre el mundo de la música. Juntos
hicimos un viaje a Pau y Burdeos, con el fin de promocionar el
festival en el sur de Francia. Una operación ridícula,
en la que yo actuaba más como relaciones públicas que
como responsable de comunicación, pues el propio Pelos se
encargaba de presentar el producto en su deficiente francés.
La gente de la prensa convocada en esas dos ciudades –dos
periodistas en Pau, unos cuanto más en Burdeos, invitados
principalmente por el staff
del festival Les Nuits Atypiques de Langon– se hizo inesperadamente
depositaria de los regalos aportados por la DPH: una botella de vino
del Somontano, un botellín de cerveza Ambar...: vergüenza
me daba que la gente de la prensa descubriera el contenido de la
bolsa en mi presencia.
Los
regalos a los periodistas era, por lo visto, algo más que
habitual: en todas las presentaciones en España del festival,
la DPH invitaba, con cargo al erario público, a suculentos
ágapes a los representantes y corresponsales de los diferentes
medios de referencia. Eso chocó mi ingenuidad, pues siempre
había pensado que si un periódico se hacía eco
de una noticia cultural, crónica de un concierto o de un
acontecimiento cualquiera, era porque su interés lo merecía:
y no porque la institución o empresa organizadoras "untaran"
al reportero de turno. Lo acostumbrado es esta última forma,
por lo que pude darme cuenta hasta la saciedad a lo largo de la
organización y celebración del festival Pirineos Sur.
A
finales de mayo o primeros de junio nos fuimos al Valle de Tena, para
gestionar todo el proceso in
situ.
Se montaron sendas oficinas de producción y de prensa en el
pueblo de Sallent de Gállego y en la urbanización de
Formigal, que era donde yo permanecía para atender a los
medios y a los artistas, separado de mis compañeros de trabajo
–he de decir que afortunadamente.
El
festival y la DPH pagaban el alojamiento, y no sé si alguna
prima por mí desconocida, a varios periodistas: Javier
Losilla, corresponsal de El
Periódico de Aragón,
quien debió de comprometerse a presentar a todos los grupos
sobre el escenario y a escribir crónicas ditirámbicas
del transcurrir del festival; hace poco me enteré de que, en
sus años jóvenes, Losilla había colaborado en la
revista ácrata Ajoblanco:
¡cómo cambian los tiempos y cómo nos cambia la
coyuntura! Gonzalo de la Figuera, corresponsal de El
Heraldo de Aragón,
alojado gratis todos los fines de semana. Los redactores y cámaras
de una productora cinematográfica que colocaba sus productos a
una televisión de Mataró o, en el mejor de los casos, a
TV3. Los redactores y un fotógrafo de la web andaluza
Buscamúsica,
así como otros tantos de la revista barcelonesa Batonga!.
Un redactor de La
Razón,
cuyo nombre he olvidado; otro de La
Vanguardia;
otro de Gara,
quien se jactaba de haber señalado a ETA como objetivo el
coche de la Guardia Civil que hicieron explotar el 2002; otro de El
País,
Carlos Galilea, pequeñajo y poco simpático personaje
que, nada más llegar a la oficina de prensa instalada en
Formigal soltó un "¡qué cutre!" que me
llegó al alma y obligó a mi orgullo a no dirigirle la
palabra en lo que quedaba de festival –que ya era poco, para mi
bien. A ellos hay que añadir a todo al maremágnum de
redactorzuelos de medios de segundo orden, de mánagers, de
amigos..., que bebían de la sopa boba con el beneplácito
de la organización. Me viene al recuerdo la insistencia de un
joven fotógrafo que exigía que se le hiciera entrega de
una acreditación de prensa, para entrar gratis a las
actuaciones, por el simple hecho de ser recomendado de un tal Panoja,
quien a su vez decíase amigo de Jorge Pelos, quien renegó
de él en conversación telefónica en cuanto pudo.
Las amistades y su influencia duran tanto como un soplo de aire –o
como el hielo de la copa que paga el amigo deseante al deseado amigo
en ciernes.
Mi
inadaptación al ambiente festivalero fue completa; o, mejor
dicho, al grupo humano de periodistas y gente del mundillo cultural
español. Si durante los primeros días aún me
esforzaba en comer a mediodía con la gente de la organización,
no tardé en quedarme solo en Formigal para disfrutar de algo
de tiempo para mí mismo; también las primeras fechas
del festival acudía a matar la noche a un mísero bareto
de la urbanización, La Cueva, hasta que el aburrimiento, el
humo y las conversaciones insustanciales me hicieron desistir. Nadie
comprendía que alguien como yo prefiriese pasar sus noches
leyendo en su habitación de hotel o dando un paseo bajo el
inmenso manto estrellado del cielo pirenaico. Pero el mundillo de la
cultura vive repleto de lugares comunes, de vicios compartidos cuya
validez es marcada por gente a la que desconocen. Quemar la noche,
vivir peligrosamente, alimentarse de excesos... forma parte de un
programa manido que, creo, bien poco aporta a quien lo sigue a
rajatabla –si exceptuamos el olvido de sí mismo y evitar
enfrentarse a la propia soledad, que no es dificultad menor para
muchos.
Creo
que mi inadaptación manifiesta debió de ser el
detonante de los hechos posteriores. Por una parte, no dejé de
mostrar mi enfado e incluso rechazo hacia la actitud, prepotencia,
ignorancia e incapacidad lingüística de la jefa de prensa
de la DPH, una tal Julia Telón. Recuerdo un rifirrafe con ella
surgido con motivo de mis notas de prensa sobre los primeros eventos
del pre-festival; ella afirmaba que un responsable de comunicación,
un periodista, debía ceñirse a la crónica del
ambiente y a la presentación de los datos objetivables, como
por ejemplo, número de asistentes; Pelos y Rosalía
aseguraban que sería una lástima no aprovechar las
competencias y el conocimiento musicales de un redactor como yo, y
que por ello mis textos incluian contenidos artísticos que
estaban normalmente limitados al trabajo de los críticos
strictu
sensu.
A partir de allí, Telón intentó desprestigiarme
de cualquier modo. En una ocasión me dijo que había
recibido una queja de sus compañeros de la prensa local sobre
el estilo de mis crónicas y comentarios: amén de no
ajustarse al tipo de nota de prensa escueto y esquemático,
aquellas incluian en ocasiones expresiones y palabras que les hacían
perder el tiempo buscándolas en el diccionario; uno de los
casos se dio con la expresión "panoplia de...", para
referirme a un conjunto amplio de canciones, recursos o habilidades
de algún músico. He de reconocer que el apoyo de Pelos
y de Rosalía, así como los comentarios graciosos que
suscitó la queja de Telón ante esa palabra, me ayudaron
a asentar mi posición en el festival.
Pero,
en otra ocasión, recriminé a Telón, ya en pleno
festival, que en lugar de estar trabajando codo con codo conmigo en
la oficina de prensa, en un momento en que yo estaba agobiado por el
volumen de cosas pendientes, ella estuviese regalando camisetas del
evento a los redactores de Batonga!,
riendo y coqueteando con su tosco y poco seductor estilo. Por mucho
que ella se considerase "mi jefa" y responsable de cómo
se pergeñase el producto comunicativo en el festival, yo no
dejé de afearle vigorosamente su conducta, con algún
rapapolvo delante de todo el mundo que dejó descaradamente en
evidencia.
Otro
elemento que debió de motivar en parte que no me contrataran
para la siguiente edición –a pesar de la velada promesa por
parte de Personal–, fue haber exigido el pago del exceso de horas
trabajadas durante la realización del festival. Mi contrato
especificaba claramente el horario de oficina en Huesca, pero no
durante la celebración de las actucaciones artísticas
en Sallent de Gállego. Mi sesión diaria de trabajo, que
no conocía ni sábados, ni domingos, ni fiestas de
guardar durante más o menos un mes, se escalonaba de diez de
la mañana a una de la mañana –que era cuando
terminaban tanto los conciertos en el pequeño escenario de
Sallent como en el flotante de Lanuza. Era lógico y lícito
solicitar que todo ese tiempo dedicado a la mayor gloria de la DPH
fuera recompensado –o así lo estimé yo.
Lo
cierto es que en 2004 no renovaron mi contrato. Ya antes de que el
rumor, propagado por la propia Rosalía, técnica de
cultura en Pirineos Sur, se cumpliese, yo solicité consejo en
el servicio de asesoría jurídica de UGT, sindicato al
que estaba afiliado entonces: la abogada me hizo ver que el contrato,
a pesar de lo que decían los representantes sindicales en la
mesa de contratación de la DPH, no incluia una renovación
automática tras el primer año de servicio. No obstante
esto, esa abogada me recomendó ponerme en contacto con la
representante ugetista en la DPH, que además trabajaba en
cultura; Infortunio Codac, afiliada al PSOE, no me aclaró
nada, ni movió un dedo por defender a un compañero.
Debí aceptar que no me renovaran y que, simplemente, retomara
la actividad llevada a cabo el año anterior a mi contratación
como traductor e intérprete en las ruedas de prensa: migajas.
Eso fue durante el verano de 2004.
La
presencia de una amiga en el área de cultura de la Comarca de
la Hoya de Huesca propició que organizásemos juntos un
festival en dicho territorio altoaragonés, cuyo fin principal
era dar a conocer la institución comarcal e iniciar una
corriente participativa y de colaboración de la ciudadanía.
Presenté el proyecto a la presidente del área y
alcaldesa de Quicena, Alejandra Encina, quien aceptó gustosa a
la vista del proyecto y del escaso presupuesto necesario. Yo
pretendía demostrar que una manifestación cultural y de
entretenimiento no requería de grandes fondos, pues se podía
llevar a cabo por el propio personal de la institución y
promoviendo la participación de los creadores locales
–aspectos ambos bastante descuidados del resto de instituciones
culturales públicas de nuestro entorno, las cuales tenían
una enfermiza tendencia a externalizar todas las actuaciones (¡qué
sencillo es entonces el trabajo de técnico, debiendo
únicamente cooordinar!) y, sobre todo, a contratar actuaciones
de creadores venidos de fuera (sin tener apenas en cuenta a los
creadores de dentro ni a crear un magma creativo entre la población
local). Pensaba, además, que si el festival se saldaba con
éxito, ello podría facilitar mi contratación en
la Comarca de la Hoya de Huesca.
"Cosecha
de Invierno", que así fue como bauticé el evento,
tenía una programación vastísima que se
ejecutaba en numerosísimos puntos de la geografía
comarcal. Muchos escenarios que controlar, mucha gente que coordinar,
y, sobre todo, muchos políticos rurales con los que lidiar.
Pero el enemigo no estaba fuera, sino dentro; la presidenta del área
de Cultura, Alejandra Encina, era un verdadero desastre, no
conformándose con el habitual papel que se concede a los
cargos políticos en este tipo de asuntos: firmar las
autorizaciones. Ella quería participar áctivamente, ser
parte del equipo organizador, y ahí es donde lo estropeaba
todo; lo que los técnicos habíamos conseguido
solucionar por nuestros medios, ella conseguía embrollarlo de
nuevo. Recuerdo una ocasión en la que, con motivo de un
concierto en Alcalá del Obispo, ella había hecho unas
concesiones extraordinarias a los músicos, cuando el personal
técnico había hecho innecesarias esas estúpidas
exigencias de un grupillo de post-adolescentes con ínfulas de
artistas; en presencia del mismo presidente de la Comarca, le pegué
un grito a Alejandra que la dejé sentada. "Has hecho
mal", me recriminó mi amiga; "no es esa la manera de
manejar a Alejandra".
Dentro
de las necesarias comunicación y promoción del festival
a través de los medios, recuerdo que hice uso de mi amistad
con Pedro Baleyé, director de la revista Qriterio
Aragonés,
para colocar un par de artículos sobre Cosecha de Invierno.
Uno de ellos anunciaba y comentaba la programación del
festival; otro refería el contenido de una exposición
fotográfica sobre lo que algunos bautizaron como "Movida
rockera oscense", con trabajos en blanco y negro del gráfico
Rafa Gobantes. En esos artículos aproveché para
criticar abiertamente la escasa promoción de la creatividad
local que habían hecho otras instituciones, especialmente el
Ayuntamiento de Huesca con su festival Periferias y la DPH con su
Pirineos Sur. Recolecté algunas declaraciones de antiguos
componentes de bandas de rock en las que se quejaban de la nula
promoción que se había dado a la Movida de Huesca, pues
quienes tenían poder para organizar actuaciones se habían
centrado más en la promoción de sus propios gustos y
amistades: la referencia era clara a un tal Mario Salta, técnico
del Ayuntamiento de Huesca, fanático de música
electrónica y mentor absoluto de un tal Juanjo Pernil, líder
de un grupo de jovencitos, cuya calidad fuera siempre puesta en duda
por toda la escena local oscense. Me vienen ahora a la mente los
comentarios del antiguo batería de un grupo llamado La Escoria
Oriental y, actualmente, percusionista en Los Titiriteros de Binéfar;
me refirió Mesumé una actuación en Almudévar
en la que tocó su antiguo grupo, los rockeros Devislay, junto
a ese grupo de jovencitos. Por lo narrado, el concierto de estos
últimos fue de lo peor que él pudo presenciar jamás;
ello no fue óbice para que Salta, por aquel entonces locutor
de radio y redactor de las críticas musicales en el Diario
del Altoaragón,
dijera y escribiera que el grupo de Pernil, con esa actuación,
se consolidaba como el mejor grupo de pop español. O algo
parecido y no demasiado alejado de lo contado por el Escoria. Mesumé
estaba, claro, indignado, como tantos otros músicos de aquella
época, olvidados, condenados al ostracismo institucional. Yo
quise aprovechar esa energía crítica para sacar a la
luz las críticas al sistema cultural local a través de
un debate incluido en la programación de Cosecha de Invierno.
Bajo el título de "La Movida rockera, hoy",
pretendía que el descontento generalizado se expresara y que
se hiciera petición directa a Salta, invitado a la mesa de
ponentes, de recuperación de aquella efervescencia creativa
relegada al olvido. Pero no fue así. Entre el público
tan sólo pude ver a Mesumé y a alguno otro más,
quienes permanecieron mudos; y entre los ponentes, Lázaro
Terol y Loto, tan apenas expresaron nada de su descontento ante la
verborrea desmesurada de Salta y la ayuda de Javier Losilla, invitado
desde Zaragoza para dar una visión exterior del tema. Las
reivindicaciones que hasta ese momento habían compartido
conmigo varios de esos participantes en la cultura local no fueron
formuladas en el espacio que abrí para que fueran expuestas
ante el público y ante quienes tenían algún
poder de decisión en lo institucional. Lázaro estuvo
sorprendentemente comedido, Mesumé no abrió la boca más
que para bostezar, Quique Consejo ni siquiera acudió a la cita
–a pesar de su promesa de hacerlo, de participar vehementemente y
de incluso promover la redacción y firma de un manifiesto
contra el ninguneo al que esos "héroes" de la
"Movida" decían haber sido sometidos– y los demás
que podrían haberse quejado prefirieron escuchar el
intercambio de ditirambos entre Losilla y Salta. Una decepción.
Una
vez terminado el festival, ayudé a mi amiga "comarcal"
en la redacción de un par de proyectos que ella quería
llevar adelante gracias a la financiación del Instituto
Aragonés de Empleo (INAEM). Uno de ellos fue por completo
diseñado por mí, consistente en la creación de
un puesto de redactor para crear una revista de ámbito
comarcal y dentro del área de Cultura, que se titularía
algo así como Comarca
Cultural.
El proyecto fue aprobado por el INAEM y, para ello, buscó
entre sus demandantes de empleo a alguien que cuadrara con el perfil.
Yo, en ese primer semestre de 2005, estaba trabajando a media jornada
en la EOI nº2 de Zaragoza, por lo que era demandante de empleo
sólo a medias: lo que había solicitado a la oficina de
empleo era una ampliación de contrato que me permitiera
redondear mis ingresos. Pero esa situación no me hacía
entrar en los demandantes "completos" de empleo que el
INAEM recolocaba en proyectos como el referido. Mi proyecto de
revista fue asumido por Pedro Baleyé, quien fuera director de
Qriterio
y afiliado a CHA –de hecho había sido asesor de un diputado
nacionalista en cultura de la DPH– y que sabría hacer los
méritos suficientes para conservar ese puesto en la Comarca.
Algunos
meses después, llegó a mis oídos la noticia de
que la Comarca de la Hoya de Huesca iba a convocar una plaza de
técnico para el área de Cultura. Debo confesar que, en
este asunto, mis amistades socialistas hicieron lo posible para que
fuera yo quien ocupara ese puesto. Me explico. La presidencia del
área de Cultura de la Comarca estuvo, en los primeros meses de
su creación, a cargo de José Guapillo, que fue quien
colocó a mi amiga como personal de confianza. A González
le propusieron un puesto más aparente como director del Centro
de Investigaciones Técnico-Agrícolas, en Zaragoza, por
lo que cedió la presidencia de la Comisión de Cultura
de La Hoya a Alejandra Encina, a la que yo no sé qué le
unía. La cuestión es que cuando pareció
confirmarse el rumor de que se iba a convocar una plaza de técnico
de Cultura, González movió sus cables para posibilitar
mi entrada allí. Para ello habló con Alejandra Encina
de su deseo de que fuera yo quien la ocupara, para lo que incluso le
entregó las bases y el temario de la oposición –cuya
redacción me había encargado a mí con
anterioridad. En el momento en que fue oficialmente convocada la
oposición, vi que en las bases había sido incluida una
variación, reduciendo las exigencias lingüísticas
al mero conocimiento de un idioma –cuando yo había señalado
inglés y francés. Ante esa noticia, me puse en contacto
con González para preguntarle si sabía algo del asunto,
obteniendo una negativa y la sospecha compartida de que Alejandra
hubiese podido traicionar su confianza, en busca de apoyos locales
más sólidos y que le asegurasen una más rápida
promoción en el partido.
Me
puse con contacto con un par de sindicatos, CGT y CC.OO., quienes
redactaron sendas alegaciones a las bases, sin que tan apenas
surtieran efecto. Poco después, y con el fin de remover un
poco las conciencias, publiqué bajo firma anónima un
artículo en el boletín del Ateneo Libertario de Huesca
en el que daba a conocer las sospechas de manipulación. El
primer párrafo de "La
Comarca de La Hoya de Huesca de nuevo bajo sospecha de manipulación.
¿Oposiciones amañadas?" decía lo siguiente:
Tras
los controvertidos procedimientos de selección de personal en
las áreas de Medio Ambiente, Servicios Sociales y Turismo (en
los que hubo impugnaciones y reclamaciones varias ante los visos de
manipulación partidista), la Comarca de la Hoya de Huesca /
Plana de Uesca vuelve a estar en el centro de las sospechas.
Es
esta vez la Comisión de Cultura, presidida por la alcaldesa de
Quicena, Alejandra Encina (PSOE), sobre la que recaen las sospechas
de manipulación. Según fuentes solventes, las Bases que
rigen el proceso de selección y contratación de un/una
Técnico de Cultura y Juventud tienen todo el aspecto de haber
sido redactadas para favorecer a alguien en concreto.
Abundando
en el tema, remití a los medios de comunicación
convencionales una carta al director que, con el título de
"Oposiciones
amañadas", denunciaba lo siguiente:
Todos
creíamos que, con la democracia, acabarían estas
prácticas autoritarias. El PSOE aragonés las renueva
una vez más, conectando con la más rancia tradición
caciquil. Ya antes Bucho
(alcalde
de Huesca) nos
dio muestras de ello en su frustrado homenaje a Vicente Campo, lo que
conecta perfectamente con el panegírico que de J.A. Primo de
Rivera ha hecho recientemente un señalado representante
socialista de Tauste. Y se dicen de izquierdas...
Esta
es la primera oposición en la que participo: la simple
sospecha de manipulación le echa a uno atrás.
Indignación que me gustaría ver compartida por los
otros 30 inscritos, que, como siempre, no moverán un dedo por
temor a represalias. Afortunadamente, he conseguido que tanto el
Defensor del Pueblo como el Justicia de Aragón hayan aceptado
tomar cartas en el asunto.
Y,
en efecto, ambas instituciones tomaron cartas en el asunto; pero la
oficina de Mújica (entonces titular del cargo estatal) dejó
el tema a sabiendas de que el Justicia tomaba cartas en el asunto.
Este, por lo que yo sé, solicitó en numerosas ocasiones
información a la Comarca de La Hoya, sin obtener jamas
respuesta alguna.
Más
adelante, ya en septiembre de ese 2005, coloqué otro
artículo-reportaje en el boletín del Ateneo en el que
repasaba las posibles responsabilidades de varios politicastros del
ámbito local y comarcal. "Sospechas de corrupción
en la Comarca de La Hoya" ponía a caldo a Francisco
Bucho, alcalde de Huesca; a Pedro Chulapón, alcalde de
Monflorite, responsable electoral del PSOE local, marido y mentor de
Teresa Sas, concejala de fiestas (y posteriormente también de
Cultura); a Fidel Cosagorda, presidente comarcal de Turismo, concejal
entonces de Fomento y presidente de la empresa de recogida de
basuras; a Alejandra Encina, presidenta comarcal de Cultura y
alcaldesa de Quicena. En definitiva, a todos los socialistas
oscenses.
Como
esto no produjera ningún efecto –aparte de granjearme,
imagino, la enemistad de los representantes de Zapatero en Huesca–,
recusé al tribunal que calificaría a los aspirantes a
técnico de Cultura, por incurrir en alguno de los motivos de
abstención del funcionario señalados por el artículo
28 de la Ley de Reglamento Jurídico de las Administraciones
Públicas y del Procedimiento Administrativo Común
(LRJAP y PAC). A saber: a) tener interés personal en el asunto
de que se trate o en otro cuya resolución pudiera influir en
la de aquél; b) tener amistad íntima o enemistad
manifiesta con cualquiera de las personas (interesadas en el
resultado del acto administrativo); c) tener relación de
servicio con persona natural o jurídica interesada
directamente en el asunto. Y es que, claro, con el fin de asegurarse
la contratación de la persona elegida, pusieron en el tribunal
a técnicos y políticos cuya fidelidad estaba fuera de
toda duda –pero cuya amistad o enemistad con algunos de los 30
candidatos era más que manifiesta. En esa recusación,
señalaba los motivos por los que los técnicos del
Ayuntamiento de Huesca –el vocal José Blon y su suplente
Mario Salta–, el técnico de la DPH –Jorge Pelos y su
suplente Pitu Caceteé– debían inhibirse de participar
en dicho tribunal: amistad y/o enemistad conmigo, con un tal
Francisco Grasa (poeta en sus horas libres que me fue presentado por
el propio Blon como "un amigo suyo"), y con Pedro Baleyé
(quien trabajó codo con codo con Pelos y Caceteé en la
Diputación). En esa exposición de motivos no incluí
a quien finalmente obtuvo la plaza, una tal Angelita, trabajadora en
Cultura del Ayuntamiento durante mucho tiempo, amiga personal de Blon
y Salta y esposa de un notable sindicalista de CC.OO. La segunda
posición en el concurso-oposición fue ganada por Pedro
Baleyé, quien no tardaría a ocupar el puesto de
Angelita cuando esta "volvió" a Cultura del
Ayuntamiento gracias a otra oposición diseñada a su
medida.
Cabe
imaginar que, tras todos estos rifirrafes retóricos y
recurrentes, mis posibilidades de colaboración laboral en la
Comarca de La Hoya, en el Ayuntamiento de Huesca y en la DPH eran
mínimas –por no decir inexistentes. Consciente de ello,
decidí arremeter por otras vías en todo lo que me fuera
posible, con el ánimo de tocar las narices, fastidiar y, sobre
todo, poner en tela de juicio las buenas prácticas y solvencia
ética de la clase política oscense –así como
la sumisión acomodaticia de los técnicos alimentados
por el maná institucional. En mi punto de mira, en lo
sucesivo, pondría al PSOE aragonés.
Con
motivo del Encuentro de la Agenda 21 Local de Aragón,
celebrado en la Diputación Provincial de Huesca en junio de
ese mismo 2005, escribí una carta a los medios sobre la
inanidad de ese proyecto tal y como fue planteado por los ponentes.
En ese escrito criticaba al presidente del Maestrazgo, quien confesó
no saber aún qué era el desarrollo sostenible; al de
Jaca, por proponer una Agenda 21 local junto al mantenimiento de su
candidatira a sede para la olimpiada de invierno; al diputado
socialista Becasín, por alinearse con el PP exigiendo la
construcción del embalse de Biscarrués; al consejero
aragonés de medio ambiente por asegurar que la ampliación
de Formigal era una apuesta por la sostenibilidad. Es decir, a tutti
quanti.
Al
mes siguiente, ya en julio, la renovada revista Qriterio
aragonés
me rechazó un artículo sobre Pirineos Sur que
anteriormente me hubo encargado; un artículo que en nada
elogiaba al evento cultural y en mucho criticaba su impacto al medio
ambiente, la escasa vocación de reparto territorial de las
actuaciones de la DPH, y el inmenso coste económico de una
actividad de promoción turística limitada al valle de
Tena. No me fue difícil comprender los motivos de tal rechazo;
pero yo no me conformé con una negativa. Ese mismo artículo
fue colocado en el boletín del Ateneo Libertario de Huesca
precedido de un comentario explicativo, en el que equiparaba la
censura y exclusión sufridas con el despido de la sección
de cultura de El
País
del crítico ignacio Echevarría. Según me
comentaron los libertarios del Ateneo, "Pirineos Sur, el affaire
Qriterio
y la opinión independiente" se repartió
fotocopiado en algunos sitios del valle de Tena: orgullo para su
autor y cabreo, imagino, de los promotores del festival.1
En
octubre publiqué una carta en varios periódicos que,
con el título de "¿Quién necesita
Periferias?",
denunciaba la política cultural local, derrochadora,
clientelista y fagocitadora de las iniciativas ciudadanas.2
Esa carta motivó muchos correos electrónicos, casi
todos aplaudiendo su contenido pero algunos recriminando mi cinismo
por haber participado yo mismo en esa cultureta; me defendí
añadiendo que fue precisamente esa participación la que
me permitió conocer los resortes de la política y
gestión culturales.
Otras
cartas que, periódicamente, iban apareciendo en los medios,
arremetían con el servicio de recogidas de basuras, con el
afán de celebrar las festividades católicas con
pirotecnia, contra el multimillonario Centro de Arte y Naturaleza de
Huesca... El colofón de mis escritos contra la política
local fue con motivo de un concurso-oposición para cubrir en
interinidad el puesto de técnico en el Ayuntamiento de José
Blon, quien se fue al Centro Dramático Aragonés,
colocado por la consejera Eva Molino. "(Eso se llama)
Corrupción", publicado en abril de 2006 en varios
cotidianos, decía en uno de sus párrafos:
La
LRJAP y PAC dispone que todo funcionario deba abstenerse de
participar en un tribunal de oposición cuando exista la más
mínima sospecha de relación personal, laboral y de
amistad o enemistad con alguno de los aspirantes (...) Pues bien, la
oposición para cubrir el puesto de técnico de cultura
en el ayuntamiento de Huesca está cargada, hasta límites
delictivos, de esta sospecha. Basta con echar un vistazo a la lista
de aspirantes y a la de miembros del tribunal para darse cuenta de
hasta qué punto es posible establecer relaciones de todo tipo
entre unos y otros: compañeros de trabajo y amigos figuran en
ambos lados de la barrera, dando al traste, de manera descarada, con
la igualdad de oportunidades que debería regir todo
procedimiento público.
Según
llegó a mis oídos, esta carta motivó que el
concejal de Cultura de aquel entonces, Elvis
Tupelo (antiguo compañero ecologista, miembro de IU emigrado
al PSOE), consultara la posibilidad de querellarse contra mí.
Asimismo, algunos miembros del partido pidieron a Guapillo –mi
fallido mentor en la Comarca de La Hoya– que hiciera lo posible
para hacerme callar, según él mismo me comentó.
Pequeñas, infantiles satisfacciones de las que disfruta el
niño malo cuando percibe que ha conseguido hacer enfadar a los
mayores...
Yo
tengo por evidente que mi participación en el mundo cultural
oscense está más que obstaculizado a causa de todos
estos desencuentros y críticas. Sin embargo, lejos de acercar
posiciones y de reconstruir amistades deshechas, he ido en el sentido
contrario, añadiendo leña al fuego mediante nuevos
escritos en los que la cultureta local y provincial era tratada de
acomodada, de vendida al poder político, de carente de
espíritu crítico y de sentido comunitario. Fueron
objeto de mis escritos publicados el festival musical de la DPH "En
La Línea", el Festival de Cine de Huesca, el festival
artístico-rural "Estoesloquehay"..., gran parte de
ellos colgados en mi curroblog.
"¡Joder, no me extraña que caigas mal a la gente
de la cultura...!", me dice mi amiga Rosana; y no puedo por
menos que coincidir con ella y darle la razón.
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