martes, 20 de mayo de 2014

4. INTERLUDIO CULTURAL

 En la Diputación Provincial de Huesca (en adelante DPH), sección de Cultura, departamento de Festivales (Pirineos Sur), fueron realmente muy amables cuando, en abril de 2002, fui a ofrecerles mis servicios como traductor e intérprete. Rosalía Bestué, una técnico originaria de Sabiñánigo, me puso en contacto con alguien de la Comarca de Monegros que debía de haberle puesto al corriente de sus dificultades para hacer que los conferenciantes franceses que colaboraban en Estepárea (un encuentro sobre desarrollo rural que pasó de ser un foco de reflexión a ser un polo lúdico y festivo) se hicieran entender de su público. Ese mismo mes de abril ya acudí a Sariñena, localidad donde se celebraba el encuentro, para hacer de intérprete francés-español en la conferencia dictada por un experto del país galo. La experiencia se repitió al año siguiente, y siempre con en un ambiente agradable y acogedor –por lo menos para mi persona.
Que mi paso por Estepárea se hubiese saldado con una nota satisfactoria, debió de decidir que ese mismo verano de 2002 acudiera como traductor e intérprete a las ruedas de prensa del festival Pirineos Sur, que se celebraba en el Valle de Tena organizado por la DPH. Recuerdo haber intervenido en el encuentro con los medios de Alpha Blondy, de Ismaël Agana, de unos hindúes apodados Maharajá Flamenca, y de los marroquíes Monsif y Souad Massi. No estuvo mal del todo, principalmente porque mi relación con el personal del festival se limitaba a Rosalía y porque, tras la comparecencia ante los exiguos medios, yo me marchaba al concierto escopeteado con una entrada de regalo.
En 2003, mi relación con la DPH cambió de cabo a rabo. En abril, se convocó un concurso-oposición para cubrir dos plazas para Pirineos Sur: una de responsable de comunicación y relaciones públicas, otra de producción. Yo me presenté a las dos, sacando en ambos casos la calificación más alta de todos los candidatos gracias a mis conocimientos musicales y al manejo fluido de inglés y francés. El examen consistió, en su 1ª parte, en una traducción en sentido doble de francés, inglés y español de textos relacionados con la música y la cultura; en la 2ª parte, el candidato debía hablar en francés e inglés con los miembros del tribunal, especialmente con José Blon, marido de Rosalía y, a la sazón, técnico de cultura del Ayuntamiento de Huesca: un acto ridículo, pues sus conocimientos lingüísticos eran bastante limitados en ambas lenguas, dejándome extrañado de que una institución pusiera en manos de un no profesional la calificación en idiomas de un aspirante.
Renuncié a la plaza de producción y me quedé con la de comunicación y relaciones públicas, más acorde con mis gustos y competencias, firmando un contrato de cinco meses de duración durante ese año y, por su propia naturaleza, prorrogable como mínimo otro perído equivalente al año siguiente. Empecé a trabajar en el mes de mayo, instalándome en una mesa al fondo de la zona abuhardillada de la última planta de la enorme sede de la DPH.
Aprendí mucho en Pirineos Sur, sobre todo en todo lo relacionado con el mundillo de la cultura en una ciudad de provincias. El jefecillo de todo aquello era un tal Jorge Pelos, licenciado en Historia, creo, e hijo de un antiguo trabajador de la DPH: no sé qué pábulo dar a las malas lenguas de dentro de la casa que aseguraban que eso influyó definitivamente en su contratación para ese trabajo; jamás le di más valor que al de una simple habladuría. Este Jorge era un mozo canijo, de modales barriobajeros y hablar tosco, siendo su expresión favorita cuando alguien preguntaba por él en el teléfono algo parecido a "dile que me la chupe": simplemente conmovedor. El resto de su repertorio era una compendio de expresiones de cinismo barato, aseveraciones de tres al cuarto que pretendían pasar por verdades eternas sobre el mundo de la música. Juntos hicimos un viaje a Pau y Burdeos, con el fin de promocionar el festival en el sur de Francia. Una operación ridícula, en la que yo actuaba más como relaciones públicas que como responsable de comunicación, pues el propio Pelos se encargaba de presentar el producto en su deficiente francés. La gente de la prensa convocada en esas dos ciudades –dos periodistas en Pau, unos cuanto más en Burdeos, invitados principalmente por el staff del festival Les Nuits Atypiques de Langon– se hizo inesperadamente depositaria de los regalos aportados por la DPH: una botella de vino del Somontano, un botellín de cerveza Ambar...: vergüenza me daba que la gente de la prensa descubriera el contenido de la bolsa en mi presencia.
Los regalos a los periodistas era, por lo visto, algo más que habitual: en todas las presentaciones en España del festival, la DPH invitaba, con cargo al erario público, a suculentos ágapes a los representantes y corresponsales de los diferentes medios de referencia. Eso chocó mi ingenuidad, pues siempre había pensado que si un periódico se hacía eco de una noticia cultural, crónica de un concierto o de un acontecimiento cualquiera, era porque su interés lo merecía: y no porque la institución o empresa organizadoras "untaran" al reportero de turno. Lo acostumbrado es esta última forma, por lo que pude darme cuenta hasta la saciedad a lo largo de la organización y celebración del festival Pirineos Sur.
A finales de mayo o primeros de junio nos fuimos al Valle de Tena, para gestionar todo el proceso in situ. Se montaron sendas oficinas de producción y de prensa en el pueblo de Sallent de Gállego y en la urbanización de Formigal, que era donde yo permanecía para atender a los medios y a los artistas, separado de mis compañeros de trabajo –he de decir que afortunadamente.
El festival y la DPH pagaban el alojamiento, y no sé si alguna prima por mí desconocida, a varios periodistas: Javier Losilla, corresponsal de El Periódico de Aragón, quien debió de comprometerse a presentar a todos los grupos sobre el escenario y a escribir crónicas ditirámbicas del transcurrir del festival; hace poco me enteré de que, en sus años jóvenes, Losilla había colaborado en la revista ácrata Ajoblanco: ¡cómo cambian los tiempos y cómo nos cambia la coyuntura! Gonzalo de la Figuera, corresponsal de El Heraldo de Aragón, alojado gratis todos los fines de semana. Los redactores y cámaras de una productora cinematográfica que colocaba sus productos a una televisión de Mataró o, en el mejor de los casos, a TV3. Los redactores y un fotógrafo de la web andaluza Buscamúsica, así como otros tantos de la revista barcelonesa Batonga!. Un redactor de La Razón, cuyo nombre he olvidado; otro de La Vanguardia; otro de Gara, quien se jactaba de haber señalado a ETA como objetivo el coche de la Guardia Civil que hicieron explotar el 2002; otro de El País, Carlos Galilea, pequeñajo y poco simpático personaje que, nada más llegar a la oficina de prensa instalada en Formigal soltó un "¡qué cutre!" que me llegó al alma y obligó a mi orgullo a no dirigirle la palabra en lo que quedaba de festival –que ya era poco, para mi bien. A ellos hay que añadir a todo al maremágnum de redactorzuelos de medios de segundo orden, de mánagers, de amigos..., que bebían de la sopa boba con el beneplácito de la organización. Me viene al recuerdo la insistencia de un joven fotógrafo que exigía que se le hiciera entrega de una acreditación de prensa, para entrar gratis a las actuaciones, por el simple hecho de ser recomendado de un tal Panoja, quien a su vez decíase amigo de Jorge Pelos, quien renegó de él en conversación telefónica en cuanto pudo. Las amistades y su influencia duran tanto como un soplo de aire –o como el hielo de la copa que paga el amigo deseante al deseado amigo en ciernes.
Mi inadaptación al ambiente festivalero fue completa; o, mejor dicho, al grupo humano de periodistas y gente del mundillo cultural español. Si durante los primeros días aún me esforzaba en comer a mediodía con la gente de la organización, no tardé en quedarme solo en Formigal para disfrutar de algo de tiempo para mí mismo; también las primeras fechas del festival acudía a matar la noche a un mísero bareto de la urbanización, La Cueva, hasta que el aburrimiento, el humo y las conversaciones insustanciales me hicieron desistir. Nadie comprendía que alguien como yo prefiriese pasar sus noches leyendo en su habitación de hotel o dando un paseo bajo el inmenso manto estrellado del cielo pirenaico. Pero el mundillo de la cultura vive repleto de lugares comunes, de vicios compartidos cuya validez es marcada por gente a la que desconocen. Quemar la noche, vivir peligrosamente, alimentarse de excesos... forma parte de un programa manido que, creo, bien poco aporta a quien lo sigue a rajatabla –si exceptuamos el olvido de sí mismo y evitar enfrentarse a la propia soledad, que no es dificultad menor para muchos.
Creo que mi inadaptación manifiesta debió de ser el detonante de los hechos posteriores. Por una parte, no dejé de mostrar mi enfado e incluso rechazo hacia la actitud, prepotencia, ignorancia e incapacidad lingüística de la jefa de prensa de la DPH, una tal Julia Telón. Recuerdo un rifirrafe con ella surgido con motivo de mis notas de prensa sobre los primeros eventos del pre-festival; ella afirmaba que un responsable de comunicación, un periodista, debía ceñirse a la crónica del ambiente y a la presentación de los datos objetivables, como por ejemplo, número de asistentes; Pelos y Rosalía aseguraban que sería una lástima no aprovechar las competencias y el conocimiento musicales de un redactor como yo, y que por ello mis textos incluian contenidos artísticos que estaban normalmente limitados al trabajo de los críticos strictu sensu. A partir de allí, Telón intentó desprestigiarme de cualquier modo. En una ocasión me dijo que había recibido una queja de sus compañeros de la prensa local sobre el estilo de mis crónicas y comentarios: amén de no ajustarse al tipo de nota de prensa escueto y esquemático, aquellas incluian en ocasiones expresiones y palabras que les hacían perder el tiempo buscándolas en el diccionario; uno de los casos se dio con la expresión "panoplia de...", para referirme a un conjunto amplio de canciones, recursos o habilidades de algún músico. He de reconocer que el apoyo de Pelos y de Rosalía, así como los comentarios graciosos que suscitó la queja de Telón ante esa palabra, me ayudaron a asentar mi posición en el festival.
Pero, en otra ocasión, recriminé a Telón, ya en pleno festival, que en lugar de estar trabajando codo con codo conmigo en la oficina de prensa, en un momento en que yo estaba agobiado por el volumen de cosas pendientes, ella estuviese regalando camisetas del evento a los redactores de Batonga!, riendo y coqueteando con su tosco y poco seductor estilo. Por mucho que ella se considerase "mi jefa" y responsable de cómo se pergeñase el producto comunicativo en el festival, yo no dejé de afearle vigorosamente su conducta, con algún rapapolvo delante de todo el mundo que dejó descaradamente en evidencia.
Otro elemento que debió de motivar en parte que no me contrataran para la siguiente edición –a pesar de la velada promesa por parte de Personal–, fue haber exigido el pago del exceso de horas trabajadas durante la realización del festival. Mi contrato especificaba claramente el horario de oficina en Huesca, pero no durante la celebración de las actucaciones artísticas en Sallent de Gállego. Mi sesión diaria de trabajo, que no conocía ni sábados, ni domingos, ni fiestas de guardar durante más o menos un mes, se escalonaba de diez de la mañana a una de la mañana –que era cuando terminaban tanto los conciertos en el pequeño escenario de Sallent como en el flotante de Lanuza. Era lógico y lícito solicitar que todo ese tiempo dedicado a la mayor gloria de la DPH fuera recompensado –o así lo estimé yo.
Lo cierto es que en 2004 no renovaron mi contrato. Ya antes de que el rumor, propagado por la propia Rosalía, técnica de cultura en Pirineos Sur, se cumpliese, yo solicité consejo en el servicio de asesoría jurídica de UGT, sindicato al que estaba afiliado entonces: la abogada me hizo ver que el contrato, a pesar de lo que decían los representantes sindicales en la mesa de contratación de la DPH, no incluia una renovación automática tras el primer año de servicio. No obstante esto, esa abogada me recomendó ponerme en contacto con la representante ugetista en la DPH, que además trabajaba en cultura; Infortunio Codac, afiliada al PSOE, no me aclaró nada, ni movió un dedo por defender a un compañero. Debí aceptar que no me renovaran y que, simplemente, retomara la actividad llevada a cabo el año anterior a mi contratación como traductor e intérprete en las ruedas de prensa: migajas. Eso fue durante el verano de 2004.
La presencia de una amiga en el área de cultura de la Comarca de la Hoya de Huesca propició que organizásemos juntos un festival en dicho territorio altoaragonés, cuyo fin principal era dar a conocer la institución comarcal e iniciar una corriente participativa y de colaboración de la ciudadanía. Presenté el proyecto a la presidente del área y alcaldesa de Quicena, Alejandra Encina, quien aceptó gustosa a la vista del proyecto y del escaso presupuesto necesario. Yo pretendía demostrar que una manifestación cultural y de entretenimiento no requería de grandes fondos, pues se podía llevar a cabo por el propio personal de la institución y promoviendo la participación de los creadores locales –aspectos ambos bastante descuidados del resto de instituciones culturales públicas de nuestro entorno, las cuales tenían una enfermiza tendencia a externalizar todas las actuaciones (¡qué sencillo es entonces el trabajo de técnico, debiendo únicamente cooordinar!) y, sobre todo, a contratar actuaciones de creadores venidos de fuera (sin tener apenas en cuenta a los creadores de dentro ni a crear un magma creativo entre la población local). Pensaba, además, que si el festival se saldaba con éxito, ello podría facilitar mi contratación en la Comarca de la Hoya de Huesca.
"Cosecha de Invierno", que así fue como bauticé el evento, tenía una programación vastísima que se ejecutaba en numerosísimos puntos de la geografía comarcal. Muchos escenarios que controlar, mucha gente que coordinar, y, sobre todo, muchos políticos rurales con los que lidiar. Pero el enemigo no estaba fuera, sino dentro; la presidenta del área de Cultura, Alejandra Encina, era un verdadero desastre, no conformándose con el habitual papel que se concede a los cargos políticos en este tipo de asuntos: firmar las autorizaciones. Ella quería participar áctivamente, ser parte del equipo organizador, y ahí es donde lo estropeaba todo; lo que los técnicos habíamos conseguido solucionar por nuestros medios, ella conseguía embrollarlo de nuevo. Recuerdo una ocasión en la que, con motivo de un concierto en Alcalá del Obispo, ella había hecho unas concesiones extraordinarias a los músicos, cuando el personal técnico había hecho innecesarias esas estúpidas exigencias de un grupillo de post-adolescentes con ínfulas de artistas; en presencia del mismo presidente de la Comarca, le pegué un grito a Alejandra que la dejé sentada. "Has hecho mal", me recriminó mi amiga; "no es esa la manera de manejar a Alejandra".
Dentro de las necesarias comunicación y promoción del festival a través de los medios, recuerdo que hice uso de mi amistad con Pedro Baleyé, director de la revista Qriterio Aragonés, para colocar un par de artículos sobre Cosecha de Invierno. Uno de ellos anunciaba y comentaba la programación del festival; otro refería el contenido de una exposición fotográfica sobre lo que algunos bautizaron como "Movida rockera oscense", con trabajos en blanco y negro del gráfico Rafa Gobantes. En esos artículos aproveché para criticar abiertamente la escasa promoción de la creatividad local que habían hecho otras instituciones, especialmente el Ayuntamiento de Huesca con su festival Periferias y la DPH con su Pirineos Sur. Recolecté algunas declaraciones de antiguos componentes de bandas de rock en las que se quejaban de la nula promoción que se había dado a la Movida de Huesca, pues quienes tenían poder para organizar actuaciones se habían centrado más en la promoción de sus propios gustos y amistades: la referencia era clara a un tal Mario Salta, técnico del Ayuntamiento de Huesca, fanático de música electrónica y mentor absoluto de un tal Juanjo Pernil, líder de un grupo de jovencitos, cuya calidad fuera siempre puesta en duda por toda la escena local oscense. Me vienen ahora a la mente los comentarios del antiguo batería de un grupo llamado La Escoria Oriental y, actualmente, percusionista en Los Titiriteros de Binéfar; me refirió Mesumé una actuación en Almudévar en la que tocó su antiguo grupo, los rockeros Devislay, junto a ese grupo de jovencitos. Por lo narrado, el concierto de estos últimos fue de lo peor que él pudo presenciar jamás; ello no fue óbice para que Salta, por aquel entonces locutor de radio y redactor de las críticas musicales en el Diario del Altoaragón, dijera y escribiera que el grupo de Pernil, con esa actuación, se consolidaba como el mejor grupo de pop español. O algo parecido y no demasiado alejado de lo contado por el Escoria. Mesumé estaba, claro, indignado, como tantos otros músicos de aquella época, olvidados, condenados al ostracismo institucional. Yo quise aprovechar esa energía crítica para sacar a la luz las críticas al sistema cultural local a través de un debate incluido en la programación de Cosecha de Invierno. Bajo el título de "La Movida rockera, hoy", pretendía que el descontento generalizado se expresara y que se hiciera petición directa a Salta, invitado a la mesa de ponentes, de recuperación de aquella efervescencia creativa relegada al olvido. Pero no fue así. Entre el público tan sólo pude ver a Mesumé y a alguno otro más, quienes permanecieron mudos; y entre los ponentes, Lázaro Terol y Loto, tan apenas expresaron nada de su descontento ante la verborrea desmesurada de Salta y la ayuda de Javier Losilla, invitado desde Zaragoza para dar una visión exterior del tema. Las reivindicaciones que hasta ese momento habían compartido conmigo varios de esos participantes en la cultura local no fueron formuladas en el espacio que abrí para que fueran expuestas ante el público y ante quienes tenían algún poder de decisión en lo institucional. Lázaro estuvo sorprendentemente comedido, Mesumé no abrió la boca más que para bostezar, Quique Consejo ni siquiera acudió a la cita –a pesar de su promesa de hacerlo, de participar vehementemente y de incluso promover la redacción y firma de un manifiesto contra el ninguneo al que esos "héroes" de la "Movida" decían haber sido sometidos– y los demás que podrían haberse quejado prefirieron escuchar el intercambio de ditirambos entre Losilla y Salta. Una decepción.
Una vez terminado el festival, ayudé a mi amiga "comarcal" en la redacción de un par de proyectos que ella quería llevar adelante gracias a la financiación del Instituto Aragonés de Empleo (INAEM). Uno de ellos fue por completo diseñado por mí, consistente en la creación de un puesto de redactor para crear una revista de ámbito comarcal y dentro del área de Cultura, que se titularía algo así como Comarca Cultural. El proyecto fue aprobado por el INAEM y, para ello, buscó entre sus demandantes de empleo a alguien que cuadrara con el perfil. Yo, en ese primer semestre de 2005, estaba trabajando a media jornada en la EOI nº2 de Zaragoza, por lo que era demandante de empleo sólo a medias: lo que había solicitado a la oficina de empleo era una ampliación de contrato que me permitiera redondear mis ingresos. Pero esa situación no me hacía entrar en los demandantes "completos" de empleo que el INAEM recolocaba en proyectos como el referido. Mi proyecto de revista fue asumido por Pedro Baleyé, quien fuera director de Qriterio y afiliado a CHA –de hecho había sido asesor de un diputado nacionalista en cultura de la DPH– y que sabría hacer los méritos suficientes para conservar ese puesto en la Comarca.
Algunos meses después, llegó a mis oídos la noticia de que la Comarca de la Hoya de Huesca iba a convocar una plaza de técnico para el área de Cultura. Debo confesar que, en este asunto, mis amistades socialistas hicieron lo posible para que fuera yo quien ocupara ese puesto. Me explico. La presidencia del área de Cultura de la Comarca estuvo, en los primeros meses de su creación, a cargo de José Guapillo, que fue quien colocó a mi amiga como personal de confianza. A González le propusieron un puesto más aparente como director del Centro de Investigaciones Técnico-Agrícolas, en Zaragoza, por lo que cedió la presidencia de la Comisión de Cultura de La Hoya a Alejandra Encina, a la que yo no sé qué le unía. La cuestión es que cuando pareció confirmarse el rumor de que se iba a convocar una plaza de técnico de Cultura, González movió sus cables para posibilitar mi entrada allí. Para ello habló con Alejandra Encina de su deseo de que fuera yo quien la ocupara, para lo que incluso le entregó las bases y el temario de la oposición –cuya redacción me había encargado a mí con anterioridad. En el momento en que fue oficialmente convocada la oposición, vi que en las bases había sido incluida una variación, reduciendo las exigencias lingüísticas al mero conocimiento de un idioma –cuando yo había señalado inglés y francés. Ante esa noticia, me puse en contacto con González para preguntarle si sabía algo del asunto, obteniendo una negativa y la sospecha compartida de que Alejandra hubiese podido traicionar su confianza, en busca de apoyos locales más sólidos y que le asegurasen una más rápida promoción en el partido.
Me puse con contacto con un par de sindicatos, CGT y CC.OO., quienes redactaron sendas alegaciones a las bases, sin que tan apenas surtieran efecto. Poco después, y con el fin de remover un poco las conciencias, publiqué bajo firma anónima un artículo en el boletín del Ateneo Libertario de Huesca en el que daba a conocer las sospechas de manipulación. El primer párrafo de "La Comarca de La Hoya de Huesca de nuevo bajo sospecha de manipulación. ¿Oposiciones amañadas?" decía lo siguiente:
Tras los controvertidos procedimientos de selección de personal en las áreas de Medio Ambiente, Servicios Sociales y Turismo (en los que hubo impugnaciones y reclamaciones varias ante los visos de manipulación partidista), la Comarca de la Hoya de Huesca / Plana de Uesca vuelve a estar en el centro de las sospechas.
Es esta vez la Comisión de Cultura, presidida por la alcaldesa de Quicena, Alejandra Encina (PSOE), sobre la que recaen las sospechas de manipulación. Según fuentes solventes, las Bases que rigen el proceso de selección y contratación de un/una Técnico de Cultura y Juventud tienen todo el aspecto de haber sido redactadas para favorecer a alguien en concreto.
Abundando en el tema, remití a los medios de comunicación convencionales una carta al director que, con el título de "Oposiciones amañadas", denunciaba lo siguiente:
Todos creíamos que, con la democracia, acabarían estas prácticas autoritarias. El PSOE aragonés las renueva una vez más, conectando con la más rancia tradición caciquil. Ya antes Bucho (alcalde de Huesca) nos dio muestras de ello en su frustrado homenaje a Vicente Campo, lo que conecta perfectamente con el panegírico que de J.A. Primo de Rivera ha hecho recientemente un señalado representante socialista de Tauste. Y se dicen de izquierdas...
Esta es la primera oposición en la que participo: la simple sospecha de manipulación le echa a uno atrás. Indignación que me gustaría ver compartida por los otros 30 inscritos, que, como siempre, no moverán un dedo por temor a represalias. Afortunadamente, he conseguido que tanto el Defensor del Pueblo como el Justicia de Aragón hayan aceptado tomar cartas en el asunto.
Y, en efecto, ambas instituciones tomaron cartas en el asunto; pero la oficina de Mújica (entonces titular del cargo estatal) dejó el tema a sabiendas de que el Justicia tomaba cartas en el asunto. Este, por lo que yo sé, solicitó en numerosas ocasiones información a la Comarca de La Hoya, sin obtener jamas respuesta alguna.
Más adelante, ya en septiembre de ese 2005, coloqué otro artículo-reportaje en el boletín del Ateneo en el que repasaba las posibles responsabilidades de varios politicastros del ámbito local y comarcal. "Sospechas de corrupción en la Comarca de La Hoya" ponía a caldo a Francisco Bucho, alcalde de Huesca; a Pedro Chulapón, alcalde de Monflorite, responsable electoral del PSOE local, marido y mentor de Teresa Sas, concejala de fiestas (y posteriormente también de Cultura); a Fidel Cosagorda, presidente comarcal de Turismo, concejal entonces de Fomento y presidente de la empresa de recogida de basuras; a Alejandra Encina, presidenta comarcal de Cultura y alcaldesa de Quicena. En definitiva, a todos los socialistas oscenses.
Como esto no produjera ningún efecto –aparte de granjearme, imagino, la enemistad de los representantes de Zapatero en Huesca–, recusé al tribunal que calificaría a los aspirantes a técnico de Cultura, por incurrir en alguno de los motivos de abstención del funcionario señalados por el artículo 28 de la Ley de Reglamento Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común (LRJAP y PAC). A saber: a) tener interés personal en el asunto de que se trate o en otro cuya resolución pudiera influir en la de aquél; b) tener amistad íntima o enemistad manifiesta con cualquiera de las personas (interesadas en el resultado del acto administrativo); c) tener relación de servicio con persona natural o jurídica interesada directamente en el asunto. Y es que, claro, con el fin de asegurarse la contratación de la persona elegida, pusieron en el tribunal a técnicos y políticos cuya fidelidad estaba fuera de toda duda –pero cuya amistad o enemistad con algunos de los 30 candidatos era más que manifiesta. En esa recusación, señalaba los motivos por los que los técnicos del Ayuntamiento de Huesca –el vocal José Blon y su suplente Mario Salta–, el técnico de la DPH –Jorge Pelos y su suplente Pitu Caceteé– debían inhibirse de participar en dicho tribunal: amistad y/o enemistad conmigo, con un tal Francisco Grasa (poeta en sus horas libres que me fue presentado por el propio Blon como "un amigo suyo"), y con Pedro Baleyé (quien trabajó codo con codo con Pelos y Caceteé en la Diputación). En esa exposición de motivos no incluí a quien finalmente obtuvo la plaza, una tal Angelita, trabajadora en Cultura del Ayuntamiento durante mucho tiempo, amiga personal de Blon y Salta y esposa de un notable sindicalista de CC.OO. La segunda posición en el concurso-oposición fue ganada por Pedro Baleyé, quien no tardaría a ocupar el puesto de Angelita cuando esta "volvió" a Cultura del Ayuntamiento gracias a otra oposición diseñada a su medida.
Cabe imaginar que, tras todos estos rifirrafes retóricos y recurrentes, mis posibilidades de colaboración laboral en la Comarca de La Hoya, en el Ayuntamiento de Huesca y en la DPH eran mínimas –por no decir inexistentes. Consciente de ello, decidí arremeter por otras vías en todo lo que me fuera posible, con el ánimo de tocar las narices, fastidiar y, sobre todo, poner en tela de juicio las buenas prácticas y solvencia ética de la clase política oscense –así como la sumisión acomodaticia de los técnicos alimentados por el maná institucional. En mi punto de mira, en lo sucesivo, pondría al PSOE aragonés.
Con motivo del Encuentro de la Agenda 21 Local de Aragón, celebrado en la Diputación Provincial de Huesca en junio de ese mismo 2005, escribí una carta a los medios sobre la inanidad de ese proyecto tal y como fue planteado por los ponentes. En ese escrito criticaba al presidente del Maestrazgo, quien confesó no saber aún qué era el desarrollo sostenible; al de Jaca, por proponer una Agenda 21 local junto al mantenimiento de su candidatira a sede para la olimpiada de invierno; al diputado socialista Becasín, por alinearse con el PP exigiendo la construcción del embalse de Biscarrués; al consejero aragonés de medio ambiente por asegurar que la ampliación de Formigal era una apuesta por la sostenibilidad. Es decir, a tutti quanti.
Al mes siguiente, ya en julio, la renovada revista Qriterio aragonés me rechazó un artículo sobre Pirineos Sur que anteriormente me hubo encargado; un artículo que en nada elogiaba al evento cultural y en mucho criticaba su impacto al medio ambiente, la escasa vocación de reparto territorial de las actuaciones de la DPH, y el inmenso coste económico de una actividad de promoción turística limitada al valle de Tena. No me fue difícil comprender los motivos de tal rechazo; pero yo no me conformé con una negativa. Ese mismo artículo fue colocado en el boletín del Ateneo Libertario de Huesca precedido de un comentario explicativo, en el que equiparaba la censura y exclusión sufridas con el despido de la sección de cultura de El País del crítico ignacio Echevarría. Según me comentaron los libertarios del Ateneo, "Pirineos Sur, el affaire Qriterio y la opinión independiente" se repartió fotocopiado en algunos sitios del valle de Tena: orgullo para su autor y cabreo, imagino, de los promotores del festival.1
En octubre publiqué una carta en varios periódicos que, con el título de "¿Quién necesita Periferias?", denunciaba la política cultural local, derrochadora, clientelista y fagocitadora de las iniciativas ciudadanas.2 Esa carta motivó muchos correos electrónicos, casi todos aplaudiendo su contenido pero algunos recriminando mi cinismo por haber participado yo mismo en esa cultureta; me defendí añadiendo que fue precisamente esa participación la que me permitió conocer los resortes de la política y gestión culturales.
Otras cartas que, periódicamente, iban apareciendo en los medios, arremetían con el servicio de recogidas de basuras, con el afán de celebrar las festividades católicas con pirotecnia, contra el multimillonario Centro de Arte y Naturaleza de Huesca... El colofón de mis escritos contra la política local fue con motivo de un concurso-oposición para cubrir en interinidad el puesto de técnico en el Ayuntamiento de José Blon, quien se fue al Centro Dramático Aragonés, colocado por la consejera Eva Molino. "(Eso se llama) Corrupción", publicado en abril de 2006 en varios cotidianos, decía en uno de sus párrafos:
La LRJAP y PAC dispone que todo funcionario deba abstenerse de participar en un tribunal de oposición cuando exista la más mínima sospecha de relación personal, laboral y de amistad o enemistad con alguno de los aspirantes (...) Pues bien, la oposición para cubrir el puesto de técnico de cultura en el ayuntamiento de Huesca está cargada, hasta límites delictivos, de esta sospecha. Basta con echar un vistazo a la lista de aspirantes y a la de miembros del tribunal para darse cuenta de hasta qué punto es posible establecer relaciones de todo tipo entre unos y otros: compañeros de trabajo y amigos figuran en ambos lados de la barrera, dando al traste, de manera descarada, con la igualdad de oportunidades que debería regir todo procedimiento público.
Según llegó a mis oídos, esta carta motivó que el concejal de Cultura de aquel entonces, Elvis Tupelo (antiguo compañero ecologista, miembro de IU emigrado al PSOE), consultara la posibilidad de querellarse contra mí. Asimismo, algunos miembros del partido pidieron a Guapillo –mi fallido mentor en la Comarca de La Hoya– que hiciera lo posible para hacerme callar, según él mismo me comentó. Pequeñas, infantiles satisfacciones de las que disfruta el niño malo cuando percibe que ha conseguido hacer enfadar a los mayores...
Yo tengo por evidente que mi participación en el mundo cultural oscense está más que obstaculizado a causa de todos estos desencuentros y críticas. Sin embargo, lejos de acercar posiciones y de reconstruir amistades deshechas, he ido en el sentido contrario, añadiendo leña al fuego mediante nuevos escritos en los que la cultureta local y provincial era tratada de acomodada, de vendida al poder político, de carente de espíritu crítico y de sentido comunitario. Fueron objeto de mis escritos publicados el festival musical de la DPH "En La Línea", el Festival de Cine de Huesca, el festival artístico-rural "Estoesloquehay"..., gran parte de ellos colgados en mi curroblog. "¡Joder, no me extraña que caigas mal a la gente de la cultura...!", me dice mi amiga Rosana; y no puedo por menos que coincidir con ella y darle la razón.
1 Poner referencia a CURROBLOG
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